martes, 1 de marzo de 2011

Si tuvieras la posibilidad de entrar en mi cabeza, no te encontrarías ni en un solo rincón. Hay cosas mas importantes en que pensar como en el cápitulo de Rayuela que leí anoche por ejemplo.

"- Depertémonos- decía Oliveira alguna que otra vez.
-Para qué- contestaba la Maga, mirando correr las péniches desde el Pont Neuf-. Toc, toc, tenés un pajarito en la cabeza. Toc, toc, te picotea todo el tiempo, quiere que le des de comer comida argentina. Toc, toc.
- Esta bien- rezongaba Oliveira-. No me confundás con Rocamadour. Vamos a acabar hablándole en glíglico al almacenero o a la portera, se va a armar un lío espantoso. Mirá a ese tipo que anda siguiendo a la negrita.
- A ella la conozco, trabaja en un café de la rue de Provence. Le gustan las mujeres, el pobre tipo está sonado.
-¿Se tiró un lance con vos, la negrita?
- Por supuesto. Pero lo mismo nos hicimos amigas, le regalé mi rouge y ella me dio un librito de un tal Ratef, no... esperá, Retif...
-Ya entiendo, ya. ¿De verdad no te acostaste con ella?
Debe ser curioso para una mujer como vos.
-¿Vos te acostaste con un hombre, Horacio?
- Claro. La experiencia, entendés.
La Maga lo miraba de reojo, sospechando que le tomaba el pelo, que todo venía porque estaba rabioso a causa del pajarito en la cabeza toc, toc, del pajarito que le pedía comida argentina. Entonces se tiraba contra él con gran sorpresa de un matrimonio que paseaba por la rue Saint-Sulpice, lo despeinaba riendo, Oliveira tenía que sujetarle los brazos, empezaban a reirse, el matrimonio los miraba y el hombre se animaba apenas a sonreír, su mujer estaba demasiado escandalizada por esa conducta.
- Tenés razón- acababa confesando Oliveira-. Soy incurable, che. Hablar de despertarse cuando por fin se está bien así dormido."

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